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Infierno (Jigoku) 1960

Shirô Shimizu (Shigeru Amachi) es un joven que va a casarse. Una noche en compañía de Tamura (Yôichi Numata) atropellan a un yakuza (Hiroshi Izumida). La madre (Kiyoko Tsuji) y la mujer del yakuza planean vengarse. Cuando va en taxi con su novia (Utako Mitsuya) hacia comisaría para confesar el atropello, el taxi tiene un accidente y su novia muere. Amargado, pena su dolor bebiendo en clubs. En uno de ellos conoce a Yoko (Akiko Ono), que resulta ser la mujer del yakuza que atropelló.

Infierno

Recibe noticias de que su madre se está muriendo y debe ir al pueblo. Su padre (Hiroshi Hayashi) director de la Residencia de ancianos, convive con su amante (Akiko Yamashita) en la casa familiar. Shirô recibe una carta de Yoku que dice que ha ido a verle. En la Residencia de ancianos los ancianos se quejan por la mala calidad de la comida. Se celebra una fiesta de aniversario mientras la muerte acecha.

Infierno

Desde Japón, dirige Nobuo Nakagawa, director conocido por dedicarse casi en exclusiva al género kaidan, historia de fantasmas, además de ser un pionero que estableció muchos de los cánones paranormales japoneses. Aquí nos traslada a un infierno budista dantesco, con un reparto en el que hay algunos habituales en sus trabajos paranormales, como Shigeru Amachi, el joven atormentado por los problemas que le caen como gotas de lluvia, y que consigue, al menos, crear la humanidad que el personaje, de funesto destino, en sí lleva dentro; Fumiko Miyata y Akira Nakamura son sus respectivos suegros mientras que Utako Mitsuya hace un doble papel: el de Yukiko, la prometida de Shirô, y la joven Sachiko.

Infierno

El infierno budista que nos describe Nakagawa no es muy diferente al que nos podría describir Dante en el infierno cristiano. Ambos son meros reflejos unos de otros. Nobuo Nakagawa logra crear un infierno creíble, y atroz. Los demonios budistas, como los demonios cristianos, amputan y torturan, y Nakagawa describe los castigos con detalles. Los personajes, todos de terrible destino, protagonistas de malas acciones y excesos, se encuentran en el infierno como si estuvieran vivos, y todos vuelven a verse con los mismos resentimientos y los mismos amores. El sufrimiento conjunto de estas personas produce una gran impresión. Hay marabuntas de personas torturadas por los pecados cometidos en la vida.

Infierno

Cuantas más veces se ve, más se da cuenta uno de la obra maestra que es. Nobuo Nakagawa no sólo describe el infierno sino también, con detalle, las relaciones entre los personajes, no quedándose simplemente en el esbozo social. No hay un solo personaje de los principales en la película que esté libre de una vida sin mancha y de acciones poco éticas. Con mucho matiz de cine negro, también se incursa en la fantasía más clásica con el maquiavélico personaje de Tamura, a todas luces un diablo que es el responsable de las desgracias de Shimizu. La fotografía es muy bonita y produce grandes contrastes, tanto entre las escenas de la vida como en las escenas del Infierno, la fotografía es uno de los méritos de esta película y quizás lo que más destaca en todo el conjunto a la primera impresión, pero es un espejismo de lectura fácil que no puede hacer olvidar la intensidad de las personalidades humanas que nos narra Nakagawa.

Infierno

La amoralidad de los personajes, que tiene muchas lecturas pero que no es el objetivo de la crítica a esta película, contada de manera sencilla y directa haciendo fácil lo que parece dificil, no produce más rechazo que la simple contemplación de conductas inadecuadas que a todas luces podrían criticarse con motivo, pero que a nadie parece importarle excesívamente, excepto a los de "abajo". La cuestión del por qué les parece tan inapropiadas estas conductas tan poco éticas, podríamos responderlas nosotros fácilmente si no fuera porque notásemos que algunas de ellas están muy arraigadas en la cultura japonesa tal como entienden ellos la vida, y al fin y al cabo, lo que se castiga es la vida y la forma de actuar de seres vivos: la venganza, el adulterio, conviven en muchas normas sociales como buenas, o al menos se tolera, no así la muerte, excepto si está justificada, siendo el suicidio pienso muy arraigado en su cultura.

Infierno

Todo nos lleva a pensar que lo que se castiga es la vida y el vivir tal como nos toque vivir, da igual cómo actuemos, nadie está libre de cometer alguna vez en su vida, como mínimo, uno de esos llamados pecados por nimios que sean. Duración aproximada: 101 minutos.


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